7 abr 2018

Crónica de viaje, Óscar Palacios


APUNTES DE VIAJE
Óscar Palacios


Viajé a Lagos de Moreno (en los merititos Altos de Jalisco) invitado por los organizadores del “Quinto encuentro de poetas Francisco González León”. Grata experiencia. Mi participación fue una charla “Desde el sur de la palabra” que me permitió referirme a varios temas principalmente enfocados a mi trabajo literario y a los grandes que en Chiapas han sido: Sabines, Rosario, Bañuelos etc.
Los dinámicos organizadores, los poetas Berónica Palacios y Dante Alejandro pusieron todo su empeño, su energía y pasión para que el evento estuviera redondo. Contaron con el apoyo invaluable de Rocío Serrano, actriz y promotora cultural incansable de Lagos. Faltó Mane, otro entusiasta a quien sólo conocí de referencia porque estuvo enfermo.
Tuve la oportunidad de conocer y charlar con Raúl Bañuelos, destacado poeta jalisciense quien recibió el reconocimiento “González León” por su fructífera trayectoria. Nos contagiamos con tantos y tantas poetas jóvenes y el entusiasmo por expresarse. La poesía en voces variadas que nos hablaron de su particular percepción del mundo. La otra posibilidad de ser.
Lagos de Moreno es una ciudad mágica. Impecable, al grado de que me daba pena tirar una colilla en sus limpísimas calles. Ahí platique en la imaginación con Demetrio Macías, el personaje central de “Los de Abajo”, de Mariano Azuela, pionero de la novela  de la Revolución y nativo de Lagos. Me impacto el hermoso teatro local, que en particular era una réplica en pequeño del “Teatro Degollado” en Guadalajara.
El pueblo de Lagos es amante del arte. Un buen público nos acompañó en las lecturas. La casa de la cultura, de magnífica arquitectura, nos impactó. La Parroquia—así le llaman-- a quien llamé catedral por su monumentalidad  resguardan los restos
—de San Hermión, un soldado romano que fue martirizado. Una historia curiosa que ya les contaré otro día. Ah, y tiene más clientela que la Guadalupana, que ya es mucho decir.
La memoria ya archivo los buenos recuerdos de esos tres días. Ojalá que Dante, Bero y Rocío, sigan contra viento y marea esta loable y noble tarea. La poesía bien vale una misa…
Y de ahí partí al amadamente odiado DF. Ahí asistí a una cálida cena con mis amigas Catthy Fourez, académica francesa, doctorada con plus plus plus en literatura y con Jussara Texeira, brasileira, un estuche de monerías: médico psiquiatra, pintora, lectora crítica y hablándome en portuñol. Buen vino, mejor tequila y quesos varios.
El fin de fiesta se dio en Cuernavaca en el hotel del buen amigo y paisano Armando Rojas Arévalo y su fiel escudera Rosaura, su pareja. Charla de amigos sobre diferentes tópicos. Un viaje de pasadía al increíble Taxco con su catedral de ángeles cachetones y un ambiente festivo de cerros de nunca acabar. Y Tepoztlan, siempre en jolgorio. Todavía no les acabo de agradecer, en el recuerdo, la anfitrionía tan especial de Armando y Ros. Ya saben, si van a Cuernavaca, contacten con Armando. El espacio es bello, económico y hasta piscina tiene. Ahí se ven.  Ah, y apenas me dio tiempo para saludar a otro querido amigo: Carlos Maciel “Kijano”, destacado pintor, quien me regaló un hermoso cuadro que ya luce en un espacio especial en casa.



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